EscenaSiena Fundamentos

Escena Siena: Fundamentos

El proceso formativo que provoca y produce la experiencia en Escena Siena tiene ciertamente sus bases teóricas y metateóricas que van desde la filosofía del cuerpo, hasta las teorizaciones de la actuación, atravesando también la psicología y las metodologías que proponen un tipo de formación en psicología clínica y también en la actuación. Aquí podrás conocer algo más de esas bases que sustentan la iniciativa.



En referencia a los principales elementos a la base de este proyecto formativo, se encuentra con mayor preponderancia el de conciencia corporal, que se caracteriza por el acto de adquirir conciencia de las distintas formas en las cuales el cuerpo puede comunicar a través de la kinésica (gestos y movimientos corporales), la proxémica (distancia social espacial), la postura, el ritmo y la expresión emocional. Al encontrarse dirigidas de forma intencional estas variables se convierten en acciones físicas que se construyen a través de determinadas directrices capaces de coordinar la intención concreta del sujeto expresivo en una forma corporal determinada. Por su parte, conciencia también es concebida como una capacidad de reconocer la experiencia. En este caso, se trata del reconocimiento de los estados, procesos y acciones que se suceden en el cuerpo, tanto a nivel interoperceptivo (la percepción del exterior con los propios sentidos), en nivel propioperceptivo (procesar las señales internas que transmite el propio cuerpo) y que pueden ser advertidas por el propio sujeto, en un nivel de percepción espacial y social (Gastulo, Cervera, 2017). De este modo, se entiende la conciencia sostenida en la corporalidad como un todo indivisible con el cuerpo. En ese sentido aquello que se entiende como pensante, con lo entendido como moviente, están en un diálogo permanente, a través del cual confirman ser parte el uno del otro (Morales Cañavate, 2013) en una relación inseparable para la vida y el funcionamiento humano.

Otro aspecto fundamental que adquiere relevancia al interior del proceso de formación de un psicoterapeuta es el de personaje terapéutico que despliega el sujeto en su rol de terapeuta[1]. Este puede ser comprendido bajo la lógica de reformulación o invención constante en el discurso, es decir, bajo una de-construcción o de-formación, tanto para el formador como para el formando. En ese ejercicio además de un ejercicio reflexivo ocurre un involucramiento afectivo durante el proceso de formación que trasciende los elementos cognitivos asociados a un proceso de aprendizaje, articulando la relación entre lo que soy y lo que hago. En esta línea, construir personajes terapéuticos comparte elementos en común con la construcción de otros personajes en otras disciplinas artísticas, existiendo así, cuatro elementos esenciales en dicha elaboración constante: Contexto, Meta, Postura/Opinión y Evolución (Gálvez, 2010). El personaje estará siempre situado o, dicho de otro modo, vinculado a un contexto, una cultura e historia particular, pero desplegado a través de una forma que es además singular y por tanto posible en cada situación determinada.

Algo semejante ocurre con el personaje en la práctica de la actuación escénica, pues se devela a través de las acciones físicas, en una determinada circunstancia dada (contexto ficticio). En otras palabras, a partir del concepto de acción de Stanislavski (1968) la construcción de un personaje ocurre a través de la búsqueda de una necesidad vital u objetivo que, mediante distintas estrategias físicas o verbales, intenta alcanzar. Esas metas operan como verdaderas brújulas que guían al sujeto en la construcción de un afecto que percibe y encarna, uniendo sus anhelos, miedos y fantasías a su propia materialidad. En ese sentido, Stanislavski a través de su propuesta constituye una base fundamental para el proyecto de formación para terapeutas Escena Siena, dado que integra las acciones físicas con las intenciones y contribuir en consolidar una forma expresiva que se aleja radicalmente del terapeuta restringido a pocos gestos faciales.

En vinculación con lo anterior, desde la perspectiva clínica, la escena misma de la terapia reviste un ejercicio complejo, que dista muchísimo de la sola habilidad de una escucha activa, es decir que, dependiendo de la hiper multiplicidad de modelos, cambiará también lo que se entiende como meta (objetivo) de la terapia y del terapeuta. Sin embargo, es válido sostener que, más allá del modelo, se trata siempre de una experiencia en la cual el terapeuta hace uso de sí mismo para el establecimiento de un vínculo con el consultante, pues juntos y en un contexto común, trabajan en beneficio de algún tipo de bienestar en dicha relación de ayuda. Es por ello que el terapeuta debe trabajar sobre sí mismo para llegar a abordar el trabajo vincular al que se ve enfrentado. De hecho, entre otras cosas, se considera el saber teatral, pues en términos disciplinares, se trabaja en modo acucioso sobre la corporalidad, la expresión y el vínculo con otros. En particular, Grotowski también se convierte en parte fundante de esta propuesta dado que su adaptación del método de investigación del comportamiento escénico incorpora técnicas que contribuyen a la destreza corporal, en este se concentra el énfasis en la liberación del actor de sus propios bloqueos a favor de una expresión física cada vez más emancipada. Como resultado, la creación será fruto de la alianza entre capacidades físicas y condicionamientos mentales justo en la expresión de la relación de ambas mediante el entrenamiento corporal. Es más, dentro de sus propuestas, aparece como vital el concepto de organicidad, entendida como aquello que está más allá de la precisión técnica y que junto con proponer una articulación estética está hecha de una libertad afectiva de cuerpo-vida que se libra orgánicamente en el escenario (Sierra, 2015). Asimismo, este autor desarrolla el concepto de performer, entendido como aquel estado natural del ser que ha estado olvidado, donde el arte es sólo el vehículo para llegar a ello, desafiando al actor y planteándole objetivos que, aparentemente, sobrepasan la propia capacidad del cuerpo, invitando al cuerpo a lo “imposible”, desde el cual se crea algo nuevo entre el rigor de los elementos y el flujo de la vida (espontaneidad). El cuerpo no se siente como un animal domado o doméstico sino más bien como un animal salvaje y digno (Richards, 2005) precisamente porque al estar liberado puede actuar una propuesta expresiva integrada entre cuerpo-mente y relación con el/los otro/s que participan de la escena.

Por último y estrictamente en el campo de la filosofía, el cuerpo mismo atraviesa su propia noción de concepto y adquiere un carácter óntico. Merleau Ponty es un importante referente de aquello, ya que desde su perspectiva filosófica del cuerpo insiste en dicha ontologización propiamente tal de la corporalidad. Este autor, también referente de otros como, por ejemplo, Francisco Varela, sostiene que el cuerpo es la “encarnación” de la conciencia en el mundo de la experiencia vivida. Dicho de otra manera, es con y a través del cuerpo que ocurre la relación entre el sujeto y su entorno, con implicancias materiales, pero también históricas y culturales. Para Merleau Ponty la conciencia no es un fenómeno sólo cognitivo, sino que es además y sobre todo perceptivo, esto es entendido como “el trasfondo sobre el que se destacan todos los actos y que todos los actos presuponen” (1999:10). De igual modo, en un contexto teatral, el actor es capaz de proponer significaciones mediante un cuerpo también poético, creador de imágenes y sentidos, precisamente gracias a su lenguaje corporal.

Por su parte, en el escenario actual de la disciplina terapéutica ¿Es posible hacer frente a los nuevos y múltiples requerimientos sólo a través de un mejoramiento de la técnica? Pues es precisamente ahí donde se destaca el valor de la presencia y conciencia del cuerpo del terapeuta, como una manera de ampliar el despliegue técnico a partir de un mejoramiento táctico, con un camino claro en el cuerpo. Por eso, Escena Siena asume el desafío de in-corporar a la disciplina psicológica elementos de la disciplina teatral, para el desarrollo de una formación cada vez más compleja, como lo son también las necesidades del contexto que plantean hoy las relaciones de ayuda.


[1] Para mayor información ver http://eqtasis.cl/personaje-terapeutico/