SUPERVISIÓN

La supervisión, en los diferentes enfoques clínicos, hace mucho tiempo que dejó de entenderse como una lógica de super-visión o como una actividad entre un superior (supervisor) y un inferior (supervisado). Todas las aproximaciones clínicas han aceptado que se trata de un ejercicio clínico colaborativo, en el cual, efectivamente hay una necesidad de acudir a una función pedagógica y basada en la experiencia, pero siempre considerando que se trata de un intercambio, un encuentro, entre colegas, quienes de manera dialéctica experimentan un “pensar” clínico que termina siendo una ayuda concreta para el trabajo terapéutico, pero también un proceso de aprendizaje compartido.

El enfoque sistémico relacional en particular, no sólo acepta que se trata de un ejercicio colaborativo, sino que además promueve que sea colectivo, aprovechando las bondades del trabajo en grupo. Frecuentemente se constituyen espacios en los cuales la participación es activa y no sólo la escucha a un/a supervisor/a porque dispone de mayor experiencia. Todavía más, se espera que un adecuado ejercicio de supervisión (más bien en un estilo de asesoría) pueda, además de ofrecer ayuda concreta a la ya difícil tarea de la terapia, servir como foco de deconstucción de los modelos con los que se trabaja y de revisión de las instituciones en las cuales estamos insertos.

¿Qué se supervisa cuando se supervisa? Hace mucho tiempo que abandonamos la idea de que “lo” que se supervisa es “el caso” y que tampoco podemos declarar simplemente que lo que se supervisa es “el/la terapeuta”. Más bien promovemos la lógica de que quien supervisa, instala una pregunta y escoge dónde ubicar el énfasis en el amplio rango de la relación entre el terapeuta y el caso, justamente ahí, se ubica aquello que se supervisará.